LA POESÍA LÍRICA LATINA



Erato, musa de la poesía lírica
Erato, musa de la poesía lírica
"Todos los buenos poetas recitan todos esos bellos poemas, no precisamente gracias a un arte, sino por estar inspirados por un dios y por estas poseídos de él. Otro tanto hay que decir de los buenos poetas líricos: (...) desde el mismo momento en que han puesto el pie en la armonía y en el ritmo, son arrebatados por transportes báquicos, y bajo la influencia de esta posesión, semejantes a las bacantes que, cuando están poseídas de su furor, beben miel y leche en los ríos, cosa que no hacen cuando son dueñas de su razón, eso mismo hace también el alma de los poetas líricos, como ellos mismos lo dicen. Los poetas, en efecto, nos dicen que ellos liban sus versos en fuentes de miel, en ciertos jardines y valles de las Musas"

PLATÓN, Ion, 533e-534b

El profesor Luis Gil en su ensayo "Los antiguos y la inspiración poética" nos explica muy explícitamente "cómo entendía Platón la mecánica del acto poético, que excluye, por un lado, el conocimiento profundo y razonado de cuanto se dice (σοφία) e implica, por otro, la anulación de la conciencia (οὐκ ἔμφρων) y la intervención de un ἐνθουσιασμός". Y añade que este texto del Ion de Platón es en el que con mayor plasticidad cobra forma la doctrina de la "inspiración" en una constelación de símiles de insuperable belleza. Define Platón la inspiración como una fuerza divina (θεία δύναμις) que le conmociona (κινεῖ), y que, partiendo de la Musa, se transmite al poeta, de éste a su recitador y de su recitador al auditorio [....] La poesía, así concebida, viene ser un medio, aunque mediato, de comunión con lo divino"


Erato ( "amable" o "amorosa") es la Musa de la poesía lírica o poesía amorosa. En las representaciones más frecuentes, va coronada de mirto y de rosas, llevando una pequeña cítara entre sus manos, instrumento de cuerda que Hermes inventó o en ocasiones aparece con el dios Amor a sus pies. En otras iconografías se la representa llevando una flecha de oro, como reminiscencia del ‘eros’, ese sentimiendo que ella inspira.


1. DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS


La poesía lírica ha sido definida tradicionalmente como la expresión de los sentimientos por medio de la palabra. Desde ese punto de vista, este género literario se caracteriza por la subjetividad, es decir, el poeta nos ofrece una parte de su pensamiento, de su interior, de su visión de la realidad. La poesía lírica, con el significado de ‘poesía cantada con acompañamiento de lira’, se cultivó en Grecia desde tiempos muy antiguos con una serie de requisitos formales:
  • - empleo de determinados metros y estructuras
  • - acompañamiento musical,
- composiciones breves, etc.

Así pues, caracteriza a la poesía lírica la polimetría, la musicalidad y la expresión de sentimientos personales muy variados, desde el más dulce amor hasta el odio más enconado. Se diferencia de la moderna sobre todo en los contenidos, formas y modos de comunicación: era fundamentalmente pragmática y estaba íntimamente vinculada a la realidad social y política, a la acción concreta del individuo dentro de la sociedad.

Por otra parte su contenido constante era el mito, el punto de referencia ejemplar; no estaba destinada a ser leída, sino a ser recitada ante un público por un individuo aislado o un coro con el acompañamiento de algún instrumento musical. Y de ahí, fundamentalmente, que en el ámbito cultural griego, el vocablo "lírica" designase a la poesía cantada al son de la lira (o cualquier otro instrumento de cuerda similar).

Debido al carácter pragmático de los romanos, más preocupados en las conquistas militares que en exteriorizar sus sentimientos, la poesía lírica nace tarde en Roma cuando ya se habían consolidado como géneros literarios el teatro y la épica. Fue la expresión literaria de la crisis sociopolítica que llevó al fin de la República.



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Dentro de la poesía lírica se incluían diversos campos temáticos (erótico, patriótico, bucólico, elegíaco, religiosos, etc.) y diversos tipos de composición, desde el breve epigrama hasta el ampuloso poema mitológico. Todo ello estaba destinado, sin embargo, a unas ciertas reglas genéricas sobre la estructura del poema o los tipos de verso y de estrofa. Y siempre con un enfoque personal y subjetivo (el poeta habla o finge hablar, de sí mismo o transmitirnos sus propias emociones).

Partiendo de los modelos griegos, los líricos latinos logran incluso superar a sus predecesores. La lengua alcanza unos matices insospechados, la métrica se llena de exactitud y de perfección. Y no es sólo el aspecto formal de metro y lenguaje el que resulta insuperable, desde el punto de vista del contenido, el repliegue de los poetas sobre lo más profundo y sentido de su alma dota a su poesía de unos acentos de sinceridad, calor, vigor y fuerza insuperables.

La poesía latina se convierte así en un documento testimonial de pasiones y estados anímicos de unos hombres que, en líneas generales, murieron jóvenes. Sólo tuvieron tiempo de expresar vivencias fuertes, grandes sentimientos. Sus poemas rebosan vitalidad y sinceridad.

La aparición de los primeros textos líricos en Roma coincide con los problemas sociales y económicos que se incrementaron en la segunda mitad del siglo II a. C. en plena influencia helenística y cuando las circunstancias políticas y sociales habían abocado los ánimos de los ciudadanos cada vez más hacia la intimidad y la vida privada. Las convulsiones sociales que propiciaron la falta de ideales comunes que justificasen una épica nacional, hacen brotar una serie de composiciones breves y delicadas en las que se renuncia a todo lo que sea grandeza, volcándose en la intimidad de las pequeñas cosas. Los problemas internos tienen como consecuencia la pérdida del sentimiento nacional que daba sentido a la creación de obras épicas. Comienza a cobrar importancia el individuo como tal y no como integrante de una colectividad.

Dos son las características que definen especialmente la lírica:
- la variedad de temas tratados por los poetas
- la variedad de metros usados en la expresión de los sentimientos.

2. ORÍGENES


En Roma existían desde los orígenes cantos religiosos y rituales conocidos como carmina o "cantos". El término carmen no se aplica sólo a la lírica, sino a cualquier otro tipo de poesía. Así lo podemos encontrar claramente
opuesto a prosa en Quintiliano 25: "Cum hanc felicitatem non prosa modo multi sint consecuti sed etiam carmine". No obstante, hay que reconocer que, aunque carmen en el lenguaje técnico de la literatura abarque cualquier composición en verso, se emplea también con un sentido más estricto para designar los poemas líricos: «carmine tu gaudes, hic delectatur jambis» «Carmina compono, hic elegos» .

Entre los fragmentos más antiguos del latín está El Carmen Arvale o poema de los arvales, un canto de carácter religioso, de contenido difícilmente interpretable, un himno litúrgico tradicional de los Hermanos Arvales, antiguo colegio sacerdotal romano consagrado al culto de la divinidad Dea Dia. Por tal razón, también se le conoce con la denominación de carmen fratrum arvalum. Está escrito en latín arcaico.

Texto del Carmen Arvale

El texto del Carmen Arvale en la forma mejor conservada incluyendo arcaísmos es:
enos Lases iuvate [Lares, ayúdadnos]
enos Lases iuvate
enos Lases iuvate

neve lue rue Marmar sins incurrere in pleoris [que ni la peste ni la ruina, Marte, no permitas caigan sobre muchos]
neve lue rue Marmar sins incurrere in pleoris
neve lue rue Marmar sins incurrere in pleoris

satur fu, fere Mars, limen salí, sta berber
satur fu, fere Mars, limen salí, sta berber
satur fu, fere Mars, limen salí, sta berber

semunis alterni advocapit conctos
semunis alterni advocapit conctos
semunis alterni advocapit conctos

enos Marmor iuvato [Marte, ayúdanos]
enos Marmor iuvato
enos Marmor iuvato

triumpe triumpe triumpe triumpe triumpe

El texto nos ha llegado de manera fragmentaria a partir de inscripciones que datan del año 218 d. C. Ya incluso en esa época su significación era hermética. No existe consenso entre los especialistas sobre la traducción exacta del mismo, si bien se trataría de una invocación al dios Marte y a los Lares suplicando que proteja los campos de plagas y calamidades.
La Biblioteca Augustana sugiere la traducción siguiente de algunas voces arcaicas empleadas al latín clásico del CARMEN ARVALE

enos = nos 'nosotros'
Lases = Lares (dioses del hogar)
Marmar/Marmor = Mars 'el dios Marte'
sins = sinas
pleores = plures 'muchos'
lue = luem 'peste, enfermedad contagiosa'
rue = ruem 'ruina'
Semunis = Semones
advocapit = advocabite (forma imperativa de futuro de 'abogar, asistir, interceder por') 'abogad [entonces]'
conctos = cunctos 'todos juntos'

Este texto, no sólo interesa al estudio de la antigua religión romana, sino que se trata además de uno de los primeros ejemplos históricos de un texto escrito en latín.



Aparte de estos retazos, no se conservan poemas de tema original romano.

Toda la lírica romana está inspirada en la griega. En Roma se compuso para ser recitada, no cantada como en Grecia en época arcaica. Los griegos trazaron una división entre lírica monódica (cantada por un individuo) y lírica coral (cantada por un coro). Los latinos, en cambio, sólo aplicaron el primer tipo. A su vez y en función del metro empleado, la antigua poética griega distinguió, dentro de la lírica monódica, entre la poesía yámbica y la poesía elegíaca, por un lado, y la poesía mélica, por otro. Las dos primeras se adaptan al esquema del ritmo yámbico y del ritmo dactílico, y están, en cierta forma, circunscritos a estos esquemas métricos. Por su parte la poesía mélica, también llamada lírica eólica, guarda relación con esquemas métricos más variados y elegantes, donde caben múltiples combinaciones.

Los romanos conocen estos esquemas métricos y, o bien siguen el camino del yambo y la lírica eólica (Horacio), o el de la elegía (Tibulo, Propercio y Ovidio), u optan por caminar con un pie en cada uno de los dos (Catulo). La lírica latina comienza en Roma mucho más tarde que la épica o el teatro, concretamente a finales del siglo II a.C. Es un género de origen griego, cultivado en el mundo helenístico por grandes poetas como Baquílides, Píndaro, Arquíloco, Safo, Alceo, Anacreonte, Teócrito, etc.

Las características de esta nueva poesía latina siguen siendo semejantes a las de la lírica griega (mitología, polimetría, etc.), pero la diferencia es que los romanos escribieron poca poesía lírica propiamente dicha y además fue un producto completamente literario no arraigado en la costumbre social, pensado para ser leído y no cantado. En este marco afloró en primer lugar el círculo de Lutacio Cátulo y sus célebres epigramas eróticos, a quien podemos considerar como precedente de los neotéricos, verdaderos artífices y abanderados de toda una renovación literaria y estética.




3. LOS "POETAE NOVI" O NEOTÉRICOS


Se llama así a un grupo de poetas considerados como los renovadores cultistas de la poesía latina del momento. Propugnaban el abandono de la épica en aras de unas pequeñas composiciones en las que predominaban la pureza estética, la propiedad en el lenguaje, la selección del vocabulario y la polimetría, buscando siempre la perfección métrica. Básicamente insisten en un nuevo tratamiento poético que gira en torno al culto a la forma perfecta y a la introducción de una nueva temática.
Bajo la influencia de los poetas griegos, jónico-lésbicos y helenísticos (Safo, Alceo o Píndaro entre otros) nació el grupo de los neoteroi o poetae novi latinos (siglo I a.C), rechazando las normas sociales y literarias tradicionales.
El término "neotéricos" fue acuñado por Cicerón (neotérico arrepentido y a quien irritaban especialmente) de una manera un tanto despectiva, y se generalizó en la Antigüedad tardía. La generación que los representa abarca desde la dictadura de Sila (82-79 a.C.) hasta el período comprendido entre las batallas de Farsalia batallas de Farsalia y Accio (48-31 a.C.).

Virgilio, describe así la batalla de Accio en el Libro VIII de lla Eneida (vv. 696 - 706):


regina in mediis patrio vocat agmina sistro,
necdum etiam geminos a tergo respicit anguis.
omnigenumque deum monstra et latrator Anubis
contra Neptunum et Venerem contraque Minervam
tela tendent. saevit medio in certamine Mavors
caelatus ferro, tristesque ex aethere Dirae,
et scissa gaudens vadit Discordia palla,
quam cum sanguineo sequitur Ballona flagello.
Actius haec cernens arcum intendebat Apollo
desuper; omnis eo terrore Aegyptus et Indi,
omnis Arabs, omnes vertebant terga Sabaei.

“en el centro la reina convoca a sus ejércitos con el patrio sistro,
y no ve todavía a su espalda las dos serpientes.
Y las monstruosas divinidades del Nilo y el ladrador Anubis
empuñaban sus armas contra Neptuno y Venus
y contra Minerva. En medio del combate Marte,
cincelado en hierro, se enfurece y descienden del cielo las funestas Furias,
y la alegre Discordia con su manto desgarrado
acompañada de Belona con su ensangrentado látigo.
Al verlas Apolo de Accio, tiende su arco desde lo alto;
ante este terror todo Egipto y los Indos,
toda Arabia y todos los Sabeos volvían la espalda”

(Traducción de María del Dulce Nombre Estefanía)

La mayoría proceden de la Galia Transpadana; y en cuanto a sus concomitancias poco más se puede decir, salvo que están más unidos por los rechazos que por intereses o propósitos comunes.

Así pues, se caracterizan por:
- su rechazo a Ennio
- su intento de imitar a los poetas alejandrinos (Calímaco, especialmente), que ejercerían una gran influencia en su forma de componer: vocablos, construcciones sintácticas, doble espondeo para terminar el hexámetro
- la introducción y pronunciación a la griega en el alfabeto latino de la "y" y la "z" y de las aspiradas griegas con el elemento aspirado: ph, th y ch...)
- la defensa del arte por el arte en un alarde de erudición y en un ansia desmedida por la perfecta ejecución formal - su ideal humano era el doctus poeta, entendido como "poeta erudito", frente al ideal del hombre ciceroniano, el vir bonus, entendido como hombre bueno y virtuoso, un hombre "peritus dicendi", dotado de una formación filosófica enciclopédica
- su afán era el amor, la amistad y el disfrute de los placeres cotidianos que les brindaba la vida.
- sus obras presentan grandes dosis de erudición sobre todo de índole mitológica.

Sus principales composiciones serán los epyllia (epilios < ἔπος), pequeños poemas épicos, llamados así sólo por la forma, que pretenden explicar ciertos usos pastoriles, el origen de fiestas, de costumbres, etc. El poeta griego más importante desde este punto de vista es Calímaco.

El primer "poeta nouus" importante fue Catulo, cuyo ejemplo más representativo es su poema más extenso, "las bodas de Peleo y Tetis" (carmen 64), en 408 hexámetros, llamado habitualmente Epitalamio de Tetis y Peleo por el asunto que le sirve de pretexto y que da pie a extensas digresiones narrativas, descriptivas y líricas. Se caracteriza por:

- escenas coloristas del mundo mítico
- moralizadoras reflexiones finales
- añadidos en estrecha conexión interna y externa con el tema principal
- acentuación del elemento erótico
- arte descriptivo brillante, etc.

Otros representantes del arte neotérico del epilio son los poemas Culex y Ciris, pertenecientes a la Appendix Vergiliana y, como toda ella, atribuidos a Virgilio. Ésta en concreto y el estilo en general de los poemas de esta "escuela" influyeron notablemente en obras capitales de la literatura posterior como las Metamorfosis de Ovidio.

Algunos de sus autores más cualificados son:

- Helvio Cina, con su obra Zmyrna, que supone una de las muestras más representativas del grupo.
- Valerio Catón, autor de una de las producciones eróticas más celebradas, Lydia, así como su poema de técnica calimaquea, Dyctinna.
- Licino Calvo, que destaca en literatura epitalámica y erótica, especialmente por el poema elegíaco a su esposa muerta, Quintilia.
- Cornificio
- Furio Bibáculo
- Terencio Varrón, etc...

4. CATULO (87 -54 a.C.)


external image catulo.jpgEs el primer gran poeta lírico latino. Nace en Verona de una familia acomodada que mantenía relación de amistad con Julio César. Poseía gran formación intelectual y escribió con singular maestría, buscando en la poesía alejandrina la inspiración y los modelos. Pronto marchará a Roma, fascinado y hechizado por Clodia, la esposa de su amigo Q. Metelo Celer, a la que él llama Lesbia. A partir de entonces, el corazón de Catulo late por y para ella; la llama, la busca y la sigue hasta Roma….para nada. Lesbia es la mujer cuyo amor y cuyas infidelidades inspiraron las más tiernas y más amargas de sus poesías.

El poema 51, paráfrasis de la segunda oda de Safo, "me parece ser igual a un dios...", abre el ciclo de los poemas de Catulo a Lesbia, a modo de poética declaración de amor; y como Lesbia se preciaba de ser entendida en literatura, se da por muy probable que, al dedicarle esta composición, lo mismo que al elegir su nombre poético, Catulo aludía así a la admiración que ambos profesaban a la poetisa de Lesbos



Me parece que es igual a los dioses
el hombre aquel que frente a tí se sienta,
y a tu lado absorto escucha mientras
dulcemente hablas
y encantadora sonríes. Lo que a mí
el corazón en el pecho me arrebata;
apenas te miro y entonces no puedo
decir ya palabra.
Al punto se me espesa la lengua
y de pronto un sutil fuego me corre
bajo la piel, por mis ojos nada veo,
los oídos me zumban,
me invade un frío sudor y toda entera
me estremezco, más que al hierba pálida
estoy, y apenas distante de la muerte
me siento, infeliz.
(Traducción del poema de Safo)
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Ille mi par esse deo videtur
ille, si fas est, superare divos
qui sedens adversus identidem: te
expectat et audit

dulce ridentem, misero quod omnis
eripit sensus mihi: nam simul te,
Lesbia, aspexi, nihil est super mi
<tu quoque vocis,>

lingua sed torpet, tenuis sub artus
flamma demanat, sonitu teguntur
lumina nocte

otium, Catulle, tibi molestumst:
otio exultas nimiumque gestis.
otium et reges prius et beatas
perdidit urbes
(Poema 51 de Catulo, versión del poema anterior de Safo)

Aquél me parece igual a un dios,
aquél,si es posible, superior a los dioses,
quien sentado frente a ti sin cesar te
contempla y oye.
Tu dulce sonrisa; ello trastorna, desagraciado
de mí, todos mis sentidos: en cuanto te
miro, Lesbia, mi garganta queda
sin voz,
mi lengua se paraliza, sutil llama
recorre mis miembros, los dos oídos me
zumban con su propio tintineo y una doble noche
cubre mis ojos.
El ocio, Catulo; no te conviene,
con el ocio te apasionas y excitas demasiado
El ocio arruinó antes a reyes y
ciudades florecientes.
(Traducción del poema 51)

La colección de poemas (carmina) de Catulo consta de 116 composiciones de temática, extensión y métrica muy variadas. Predominan los poemas breves, de contenido erótico, satírico o elegíaco. Fiel a las reglas del género, la mayor parte de estos poemas tiene un carácter personal, subjetivo y autobiográfico. También tiene poemas largos, de tipo mitológico y erudito, tan de moda en la poesía helenística. Los 116 poemas del actual Corpus Catuliano podemos vertebrarlo en tres partes claramente diferenciadas:
  • La 1ª parte, del poema 1 hasta el 60, comprende poemas líricos cortos, en metros y contenidos variados: Así encontramos incidentes de la vida diaria, expresiones de amistad, sátiras, críticas políticas, poemas de amor e, incluso, un himno a Diana y la traducción (51) del célebre poema de Safo.
  • La 2ª parte, del poema 61 hasta el 68, se caracteriza por una mayor extensión de las poesías e importancia del asunto: himnos nupciales, elegías epistolares, y hasta una breve epopeya con motivos mitológicos. Aquí Catulo se nos revela como el poeta doctus, de influencia alejandrina y carga erudita hasta el punto de versionar dos poemas de Calímaco.
  • La 3ª parte, del poema 69 hasta el 116, es parecida en cuanto al contenido a la tercera parte, pero se caracteriza por su forma métrica común, el dístico elegíaco, y además porque expresa los sentimientos del poeta de una forma más tradicionalmente romana.

Los Catuli Carmina, son en su mayoría poemas de amor, vibrantes como pocos en la literatura universal. Antes de estos poemas no hubo nada parecido en la literatura latina. Por supuesto, hay algo muy parecido en la poesía de Safo, de la que Catulo es innegable deudor y, en algunos casos, vasallo descarado. Basta el poema 85, “Odi et amo”, para resumir estos poemas: encuentros y desencuentros, placeres y frustraciones, presencias y ausencias, fidelidades e infidelidades, sonrisas y lágrimas y, al final, la ruptura definitiva y la muerte del poeta.

Odi et amo, quare id faciam fortasse requiris.
nescio, sed fieri sentio et excrucior.

Odio y amo. Tal vez preguntes po qué lo hago.
No lo sé, per siento que es así y sufro.

En la vida del poeta se mezclan momentos de felicidad, demasiado breves, con momentos de abatimiento y autodestrucción. La pasión desencantada junto con el angustioso drama de la muerte de su hermano le hacen llegar a una revelación íntima que llena de luz su alma, indecisa entre el odio y el amor: llega la hora amarga de la resignación. Observamos un sólida entereza, insospechada en alguien que creció en medio de un mundo galante, de disipación y amores livianos. La angustia catuliana, el dolor que apenas encuentra alivio, son el testamento profundamente humano del primer elegíaco que intentó sobrellevar la carga de un amor burlado, de una vivencia asumida en su integridad y que, gracias a ello, pudo proporcionarle una visión trascendental y serena a su existencia. A través de los breves retratos de su pasión observamos un tesoro de expresiones y motivos populares y de la tradición poética. Su lengua surge del habla familiar y nos sumerge de lleno en la sociedad romana de la época. Fue, en suma, uno de los fundadores de la escuela "modernista" de la poesía latina, el primer lírico de esta literatura y un autor cuya obra reúne todas las cualidades técnicas y emotivas necesarias para llegar al equilibrio deseado. Ello la ha convertido en uno de los "corpus" más armónicos y atractivos de cualquier autor lírico latino.

Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum seueriorum
omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit breuis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut nequis malus inuidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.

Vivamos, Lesbia mía y amémonos,
hagamos caso omiso a todas las habladurías
de los ancianos en exceso escrupulosos.
Los astros pueden ocultarse y reaparecer,
pero nosotros tendremos que dormir en noche perpetua
tan pronto como se apague la breve llama de nuestra vida.
Dame mil besos y después cien,
otros mil luego, luego otros cien.
Empieza de nuevo hasta llegar a otros mil y a otros cien.
Después, cuando hayamos acumulado muchos miles,
los revolveremos todos para perder la cuenta
o para que ningún malvado envidioso sea capaz de embrujarnos
cuando sepa que nos hemos dado tantos besos.



Así es Catulo: ardiente, directo, incontenible y, ante todo, sincero. Hasta en los poemas de tema mitológico Catulo deja un sello personal y nos presenta un agudo estudio de la psicología de los personajes, especialmente en su descripción del amor desdichado, que servirá de paradigma literario para poetas posteriores.

Catulo fue el verdadero creador de la lírica romana. El primer autor que, educado en la admiración de los líricos griegos, supo apoderarse de su espíritu y de su técnica para volcar su apasionado temperamento romano. El resultado es el libro de poemas latinos que mejor ha aguantado el paso del tiempo; el más cercano, desde luego a la poética actual.

Aquí se pueden leer traducidos todos los poemas de Catulo










La poesía de Catulo ha sido también un claro referente de inspiración de una buena muestra de diferentes poetas de distintas épocas, como Jorge Guillén, el Premio Nacional de LIteratura en 1982, Antonio Colinas(León, 1946), Pedro Salinas; o compositores como el alemán Carl Orff o incluso está presente en canciones populares como las del grupo musical del siglo XXI "El Canto del Loco". Todas estas referencias se pueden ver perfectamente reflejadas aquí

5. VIRGILIO: LAS BUCÓLICAS


La primera obra que Virgilio publicó perteneció a este género. Se trata de las Bucólicas (llamadas también Églogas). Son diez poemas, de una extensión media de cien versos, inspirados en la poesía de tipo pastoril, muy de moda en la literatura griega de su época (su modelo fue el poeta siciliano Teócrito).

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En esta obra se alternan los monólogos con los diálogos, puestos en boca de pastores que nos cuentan las cuitas amorosas, en un tono artificioso y elegante. La elaborada composición, la sensibilidad de los sentimientos, el preciosismo del lenguaje y el dominio de la versificación (hexámetros dactílicos) demuestran que el joven Virgilio había llegado a hacer suyos los ingredientes del género.




La Égloga 1ª de Virgilio tiene una extensión de 83 versos. Está estructurada como un diálogo entre dos pastores, Melibeo y Títiro. Títiro atribuye su bienestar a un dios, un joven al que ha conocido recientemente en un viaje a Roma, para el que siempre tendrá un cordero que sacrificar. Se duele, en cambio, Melibeo de que en adelante un soldado rudo poseerá sus campos y sus cosechas. El asunto principal de esta égloga es la confiscación de las tierras que su familia había sufrido. Hay que citar que su padre había perdido sus propiedades en el proceso colonizador que siguió a la batalla de Filipos.
1ª y 2ª Églogas de Virgilio digitalizadas. PDF
Églogas de Virgilio en latín
Traducción de las Églogas de Virgilio


6. HORACIO (65 - 8 a.C)


external image horacio.jpgQuinto Horacio Flaco nació en Venusia (Apulia) en el 65 a. C. y murió en Roma, en el 8 a. C.; hijo de un liberto que ejercía el cargo de recaudador de impuestos en las subastas. Con gran sacrificio de su familia, recibió una esmerada educación en Roma y más tarde en Grecia, entusiasmándose con la filosofía epicúrea. Se enroló en el ejército de Bruto y combatió en Filipos con el grado de tribuno militar. Tras la derrota volvió a Roma y compró un puesto de amanuense de los cuestores para poder vivir. Allí empieza a escribir con amargura sus Épodos y Sátiras, trabando amistad con Virgilio, quien lo presentó a Mecenas, al cual le unió una profunda amistad durante toda su vida. Se dedicó por completo a su actividad literaria, permitiéndose incluso rechazar el cargo de secretario particular del "princeps", que el propio Augusto le había ofrecido.

Fue el principal poeta lírico y satírico en lengua latina. Su producción lírica entre los años 40 y 20 a.C. es muy abundante y variada, por eso, sus Sátiras y sus Epístolas se estudiarán en Página dedicada a la Poesía satírica y el Epigrama. Ahora dedicaremos la atención a sus dos grandes monumentos líricos: las Odas (Carmina) y los Epodos (Epodi)

LAS ODAS


Las odas son composiciones de carácter lírico que constituyen la obra cumbre de la lírica latina; siguen en muchos aspectos el camino trazado por el griego Alceo. Son vehículo para exponer pensamientos y sentimientos sobre aspectos muy diversos de la vida. Escritas entre el 30 y el 20 a.C., se trata de composiciones líricas agrupadas en cuatro libros, con las que intenta crear una poesía lírica que rivalice con la griega; naturalmente utiliza temas y metros líricos griegos, estrofas eólicas sobre todo. En los primeros libros de Odas, Horacio apoya las intenciones morales y religiosas de Augusto, incluyendo una temática muy variada: amores, banquetes, dedicaciones de templos, los amigos, etc. La mayoría de ellas podrían encuadrarse por su contenido en estos apartados:
  • Odas amorosas: son unas 20, dedicadas a mujeres como Lidia, Pirra, Cínara, etc.
  • Odas filosóficas: algunas están teñidas de ideas estoicas, como la impasibilidad del sabio ante las desgracias; pero son más abundantes las que rezuman epicureismo, doctrina de la que Horacio se siente seguidor: hay que estar libre de ambiciones desmesuradas, es bueno contentarse con una “dorada medianía” (aurea mediocritas) donde se encuentra la felicidad perfecta. Por otro lado, la vida es corta, los años pasan volando y hay que aprovechar y vivir el momento presente, el día de hoy (carpe diem). external image CarpeDiem.jpg
  • Odas romanas: son las seis primeras del libro III y algunas del IV que celebran las hazañas de Druso y Tiberio. En ellas Horacio anima el mismo sentimiento nacional y patriótico que Virgilio en la Eneida, aunque con menos aliento épico.
En el libro IV Horacio se nos presenta de forma diferente a los anteriores: más personal e íntimo, reflexionando sobreel tema del apogeo del hombre, ya anciano, que ve pasar su vida y agudiza sus sentimientos; ante la tristeza de la muerte busca la inmortalidad que puede conferirle la poesía y, como tal instrumento de recuerdo, la alaba. Aquí desaparece el anonimato y se confiesa abiertamente sin seudónimos.

En breves pinceladas, resume sus ideales: aurea mediocritas y carpe diem. Una vida sin destacar ni por unas cosas ni por otras; es decir, renuncia a todo tipo de ambiciones; es consciente de la fugacidad de la vida, huye de los tumultos, de las masas, para centrarse en el yo. El amor es para Horacio un sentimiento secundario. El tono de las odas es más bien comedido y mesurado, y su perfección formal resulta notable.

Horacio tiene conciencia de que sus Odas son lo mejor de su obra y afirma que serán más duraderas que el bronce "exegi monumentum aere perennius".
Si repasamos el contenido de sus cuatro libros podemos hacerlo así:
  • En el libro I, aparte de la oda dedicada a Mecenas, aparecen entre otros temas, las desventuras y discordias civiles que siguen al asesinato de César; la tierna despedida a su amigo Virgilio, que parte hacia Atenas; declaraciones, reproches, consejos o invitaciones a diversas mujeres (Pirra, Lidia, Cloe...); a una mujer, Leucónoe, le dirige también una de las odas más famosas, invitándola a gozar del momento presente, ya que el día de mañana es incierto: carpe diem, quam minimum credula postero; consolaciones a amigos que han sufrido alguna desgracia (Virgilio, Tibulo); invocaciones a diversos dioses: Apolo, Diana,Venus; invitaciones a celebrar con banquetes, vino y regocijo, la batalla de Accio.
  • En el libro II hay una serie de odas en las que expone el poeta su filosofía de la vida: hay que saber hacer uso de las riquezas y ser generoso; no hay que dejarse abatir por la adversidad y debe uno gozar de los bienes presentes, que son precarios; lo mejor para ser feliz es la “dorada medianía”(aurea mediocritas); los años pasan volando y la muerte es inevitable; hay que desterrar el lujo, que va contra la austera tradición romana y vivir en el reposo y la tranquila felicidad, lejos de las congojas y peligros que conlleva la ambición de riquezas.
  • En el libro III se destacan las seis primeras odas, llamadas “odas romanas”, en las que se pone de manifiesto el patriotismo del autor, con elogios al imperio romano y a la obra de Augusto, así como a las virtudes morales que han hecho posible este imperio. Hay, también, diversas odas dirigidas a mujeres, con amor o despego.
  • En el libro IV, publicado diez años después de los anteriores, se encuentran los mismos temas

LOS EPODOS


En los Epodos, en cambio, Horacio opta por los esquemas y las ideas del griego Arquíloco; virulencia y, sobre todo, amplia apertura del abanico de temas, para poder dar cabida a la agresividad y a la violencia propias del género. El Horacio de los Epodos no se muerde la lengua; es prácticamente el mismo de los Sermones, sátiras en los que el poeta resulta demoledor.

Llamados por Horacio Iambi, fueron escritos en el intermedio de las batallas de Filipos (42 a.C.) y Accio (31 a.C.), es decir, contemporáneos de los Sermones e inmediatamente anteriores a las Odas. Están a media distancia entre la poesía satírica y la lírica y con ellos Horacio aspiró a convertirse en el Arquíloco romano. Efectivamente, adopta la estrofa yámbica, mezclándola con otros ritmos y fijando desde aquí las reglas de la métrica latina. Reúne aquí 17 poemas cortos, de tono violento y agresivo sobre temas muy diversos: junto a las deprecaciones contra las guerras civiles, aparecen las invectivas contra personas de la vida pública o privada, contra sus enemigos literarios o contra mujeres perversas... No obstante, también hay un poema de tema bucólico, el conocidísimo Beatus Ille, en el que canta la vida del campo frente a las complicaciones de la vida urbana, que se ajusta más al espíritu de las Odas. external image Vida+campestre+-+John+Constable.JPG

Vamos a ver con detalle este famosísimo y bellísimo Epodo II



Una buena traducción española, no sólo desde el punto de vista de la fidelidad filológica, sino también en lo que concierne a la limpieza del estilo, es la siguiente versión del profesor Vicente Cristóbal:

1. Dichoso aquél que, lejos de ocupaciones, como la primitiva raza de los
mortales, labra los campos heredados de su padre con sus propios
bueyes, libre de toda usura,
2. y no se despierta, como el soldado, al oír la sanguinaria trompeta de
guerra, ni se asusta ante las iras del mar, manteniéndose lejos del foro y
de los umbrales soberbios de los ciudadanos poderosos.
3. Así pues, ora enlaza los altos álamos con el crecido sarmiento de las
vides, ora contempla en un valle apartado sus rebaños errantes de
mugientes vacas,
4. y amputando con la podadera las ramas estériles, injerta otras más
fructíferas, o guarda las mieles exprimidas en ánforas limpias, o esquila
las ovejas de inestables patas.
5. O bien, cuando Otoño ha levantado por los campos su cabeza
engalanada de frutos maduros, ¡cómo goza recolectando las peras
injertadas y vendimiando la uva que compite con la púrpura,
6. para ofrendarte a ti, Príapo, y a ti, padre Silvano, protector de los
linderos! Agrádale tumbarse unas veces bajo añosa encina, otras sobre el
tupido césped;
7. corren entretanto las aguas por los arroyos profundos, los pájaros dejan
oír sus quejas en los bosques y murmuran las fuentes con el ruido de sus
linfas al manar, invitando con ello al blando sueño.
8. Y cuando la estación invernal de Júpiter tonante apresta lluvias y
nieves, ya acosa por un sitio y por otro con sus muchas perras a los
fieros jabalíes hacia las trampas que les cierran el paso,
9. ya tiende con una vara lisa sus redes poco espesas, engaño para los
tordos glotones, y captura con lazo la tímida liebre y la grulla viajera,
trofeos que le llenan de alegría.
10. ¿Quién, entre tales deleites, no se olvida de las cuitas desdichadas que
el amor conlleva? Y si, por otra parte, una mujer casta, cumpliendo con
su oficio, atiende la casa y a los hijos queridos
11. -como la sabina o la esposa, abrasada por el sol, del ágil ápulo-, enciende
el fuego sagrado del hogar con leños secos un poco antes de que llegue
su fatigado esposo
12. y, encerrando la bien nutrida grey en la empalizada del redil, deja
enjutas sus ubres repletas; si, sacando vino del año de la dulce tinaja,
prepara manjares no comprados,
13. no serán más de mi gusto las ostras del lago Lucrino, o el rodaballo o los
escaros -si tronando la tempestad en las olas orientales desvió algunos
hacia este mar-,
14. ni el ave africana ni el francolín jónico caerán en mi estómago más
placenteramente que la aceituna recogida de las ramas más cargadas de
los olivos,
15. o la hoja de la acedera, amante de los prados, o las malvas salutíferas
para el cuerpo enfermo; o que la cordera sacrificada en las fiestas
Terminales, o que el cabrito arrancado al lobo.
16. Entre estos manjares, ¡qué gusto da contemplar las ovejas que vuelven
rápidas al aprisco después del pasto, contemplar los bueyes cansados
arrastrando con su cuello lánguido el arado vuelto del revés,
17. y los esclavos, enjambre de la fecunda casa, colocados en torno a los
Lares relucientes!
18. Cuando el usurero Alfio hubo así discurseado, dispuesto a convertirse de
inmediato en labrador, recogió en los Idus todo su dinero, decidido a
renovar sus préstamos en las Calendas.

Es bien sabido cómo el Epodo II de Horacio, redactado hacia el año 37 a.C.4, es el más claro exponente de la exaltación de la vida del campo frente a la de la ciudad, presentando una cumplida “alabanza de aldea” que constituye una descripción idílica de las actividades del campesino. Pero, al mismo tiempo, mediante una pincelada irónica en los versos finales, se aprecia una recia censura contra la actitud vital de aquellos hombres que nunca están contentos con su suerte. No hay que olvidar que la mempsimoiría, la “queja contra el destino”, es efectivamente uno de los temas centrales en la obra de Horacio.


En el artículo publicado por Esteban Torre titulado "LA TRADUCCIÓN DEL EPODO II DE HORACIO (BEATUS ILLE)" se dice que “al campesino no le despierta, como al soldado, el toque de la trompeta; ni le aterran, como al comerciante, las tormentas que puedan hacer zozobrar sus naves. Nada tiene que ver con los afanes de la vida pública, ni con los compromisos de la ciudad. Vive feliz, dedicado a las tareas agrícolas, a la caza y a las delicias de un paraje encantador: “Le gusta descansar bajo una vieja encina, o sobre el tupido césped, mientras se deslizan las aguas por sus cauces profundos, los pájaros se quejan en los bosques y las fuentes murmuran en sus manantiales, invitando a una leve somnolencia”. A las cuitas del amor, desordenado y apremiante, se oponen los atentos cuidados de una mujer pudorosa, pudica mulier. Los manjares más exquisitos y exóticos -ostras, escaros, rodaballos, la gallina africana, el francolín de Jonia- son ampliamente superados por una sencilla comida casera, elaborada con productos de la granja, donde no faltarán ni la leche recién ordeñada, ni el buen vino del año, ni las sabrosas aceitunas. Además, el campesino sabe hacer buen uso de las plantas digestivas y medicinales, y su frugalidad no precisará de continuos banquetes, sino que se verá suficientemente saciada con el sacrificio de una cordera en días de fiesta muy señalados, o con el cabrito que se logró rescatar de las fauces del lobo. Ahora bien, todas estas consideraciones son hechas por un usurero, que parecía estar dispuesto a convertirse en un feliz labrador; pero que, finalmente, vuelve a invertir todas sus ganancias en nuevos y usuarios préstamos"


LA INFLUENCIA DE HORACIO EN LA LITERATURA POSTERIOR

Los temas y tópicos creados por Horacio gozarán de un respaldo universal a lo largo de la literatura posterior y han sido una gran fuente de influencia para autores como Garcilaso de la Vega, Fray Luís de León, Lope de Vega, José Cadalso, Moratín, etc. Más adelante, en la Generación del 27, también encontraremos influencias horacianas en poetas como Jorge Guillén.